domingo, 13 de enero de 2013

Capitulo 1.

—¡Ah! —estalle a carcajadas mientras observaba al chico detrás de mi, que inútilmente intentaba alcanzarme —¡Vamos Jak! —lo retaba de nuevo, era mi compañero de juegos, ¿Desde cuando?, bueno desde hace un par de horas.

—Estoy cansado —se quejó el castaño a mis espaldas.

—Oh vamos Jak, no seas aburrido —lo "anime". Si, he de admitir que no soy buena para eso.

—Nunca te alcanzo, pareciera que vuelas (tu nombre) —y aquí viene el "oooowww", pero que tierno ¿Verdad?.

—No aguantas nada Jak, dijiste que eras veloz ¿Mentiste?

El se apresura a negar.

—Y ya te he dicho que mi nombre no es "hak" es Hakuma...

—Es aburrido —lo interrumpí. Lo hacia para fastidiarlo, era tan divertido ver como su cara se contraía al escuchar un nombre tan feo como "hak" que terminaba pronunciandose: "Jak"... Si, me encantaba hacerlo.

—Arg! —gruño de repente, llamando mi atención —¡Te atrapare! —sonrió y hecho a correr. Uh que niño tan inocente. Lo adoraba, un juguete perfecto. En el buen sentido claro.

Apenas se incorporo completamente yo volé como el había descrito mi velocidad, mis pies y todo mi cuerpo en general siempre han sido mas fuerte y resistente que el de cualquier humano y me aprovechaba de eso.

Hakuma me persiguió colina arriba, desde el campo se veía toda la ciudad, esta demás decir que amo los lugares altos y vitalizantes. Mis pulmones se expandían y regocijaban con el aire puro que nos envolvía. Corría y corría sabiendo que lo mejor se encontraba en lo mas alto, la mejor vista que alguien se puede encontrar cuando esta limitado a no volar. Miraba el suelo, mis pies rebasarse uno y otro, turnandose en una batalla campal por llegar, sonreía, hacia algunos días que no había subido, sentía que me hacia falta... Y ahi estaba, a unos cuantos pasos mas. Subí la mirada para ver el corto camino que me quedaba por recorrer. Lo primero con lo que me tope fueron sus desgastadas botas (hermosas, de piel quizá, nunca le he preguntado) bien conservadas, luego sus característicos pantalones de mezclilla fuera deslavada u oscura no importaba, su playera a manga larga que se encontraba remangada como si fuera 3/4 y finalmente su rostro.

—Oh no —pare en seco.

—¿Que pasa? —pregunto Hakuma detrás de mi

Esto no puede estar pasando, era lo que pensaba. ¿Como sabia que estaría en este lugar? ¡¿Tan predecible soy?!. El ya estaba en la cima de la colina, a donde me dirigía, la colina que yo adoraba (y que no había visto en mucho tiempo), se encontraba con los brazos cruzados sobre el pecho y el ceño fruncido,

—Hola Bill —reí nerviosamente, el ni siquiera se inmuto en contestar.

—Hakuma vete a tu casa, (tu nombre) y yo nos iremos a la nuestra —bueno, no me sorprende que lo llamara por su nombre, Bill conoce a casi medio mundo... Lo que aveces no es muy bueno que digamos.

Cuando vi a Hakuma marcharse mi cara cambio, ahí estaba ese Bill aburrido otra vez, ¡Nunca me deja hacer nada!

—Vamos (tu nombre), a casa.

—¡Biiil! —me queje alargando su nombre, pero el no me contesto —¡Bill!...

—He dicho que nos vamos —Bufo molesto

Mi pecho subía y bajaba debido a la agitación de mi respiración, siempre opacaba mi diversión, siempre lo tenía detras de mi diciéndome, exigiéndome, ¡regañandome!.
Comenzó a caminar dejándome atrás. Cruce los brazos y cerré los ojos con fuerza.

—¡Arg! —gruñí. Bill volteo a verme y subió una ceja, como odiaba que hiciera eso. Era como si me retara.

Inocentemente gire mi rostro a un costado y exale el fuego que ya golpeaba contra mi traquea pidiendo a gritos ser liberado. La llama bailo desde mis labios hasta el pasto de la colina, Bill me miro con mala cara y negó en desaprobación.

—¿Que quieres que haga? —pregunte molesta —aun no puedo controlarlo.

—Es por eso que no debes salir sola y has desobedecido... ¡Otra vez!, dime ¿Que hago contigo? —comenzó a caminar hacia la ciudad, yo lo seguí.

—Puedes entregarme de una vez a los cazadores de media luna —le dije, estaba en descontrol, fue un error, lo se.

Bill paro en seco

—Sabes que jamás haría eso —su rostro era sombrío.

—Lo se —susurre. Sabia que el jamás haría algo como eso. Lo sabia, sin embargo era muy "normal" (normal, no bueno) en mi decir estupideces cada que perdía el control y la mayor parte del tiempo eran hacia Bill, que al fin y al cabo era con quien mas pasaba el tiempo.

—Vamos a casa (tu nombre), debes cenar —me dijo un poco mas relajado. Yo asentí. Hice una nota mental: "cuidar mas mis impulsos". ¿Fácil? ciertamente no, tengo que seguir intentando.

Durante muchos años los seres como yo han sido cazados y asesinados de maneras poco humanas. Mi padre y mi madre murieron hace ya 10 años, Bill se ha encargado de cuidarme desde entonces. Es una persona muy linda, pero tiene un carácter de los 1000 demonios, y es difícil de aguantarlo enojado, algo que ocurre muy a menudo. No soy una perita en dulce, me aburro con facilidad y enseguida busco distracción, pero no siempre es del agrado de Bill.
Aun asi, hay algo muy especial en él. Se que solo me ve como una hermana pero yo lo quiero mas que eso... Yo lo amo, es un secreto, uno muy grande y difícil de ocultar pero asi debe ser.

—Deja de pensar tanto, te he dicho que no se ta da bien —me interrumpe. Es un patanatas.

—Eres un tonto Bill —Me abrazo, sentía su calidez, su respiración, y mi parte favorita. Su corazón.

—Te quiero mucho (tu nombre) —odiaba y amaba escucharlo decir cosas como esa, nunca las diría en el sentido que yo quería.

Habíamos llegado a nuestra casa después de la caminata. Es una casa hermosa, Bill la consiguió después de haber salido de mi tierra natal, busco la casa ideal para mantenerme cómoda. Con mucho espacio, rodeada por la naturaleza y un paso a la maleza al que se llega por el patio, es ahí donde Bill entrena. Yo en cambio lo ocupo para estirarme o volar para despejarme.

La noche no tardo en llegar, unos cuantos minutos después de nuestra entrada fue necesario prender las luces. No hubo mucho mas que hacer así que solo cena,os tranquilos y cada quien se dirigió a su habitación. Una al lado de la otra, Bill suele ser un poco sobreprotector en algunas ocasiones.

Cuando me recosté en la cama, y aun cuando me arrope y cerré los ojos confiadamente... No lo sentí. No pude percibir que algo andaba mal. Mi vida sufrió un violento giro después de esa noche, y me pesa saber que pude haberlo evitado, si solo hubiera estado mas alerta. Aunque, quizá, si así hubiera sido... Nunca lo hubiera conocido a él.

2 comentarios: